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domingo, 10 de julio de 2011

Barcelona y masonería VI: el eje 'passeig de Sant Joan'

Al final he decidido poner este título por una libre asociación de ideas. Tenía material relacionados con la masonería y todos más o menos ubicados en el passeig de Sant Joan (paseo de San Juan). Pero leyendo sobre las festividades de San Juan Bautista (junio) y la de San Juan Evangelista (diciembre) me hizo replantear las estrategia:

[...] Ambos sanjuanes aparecen tradicionalmente muy relacionados, simbolizando dos aspectos del fuego: el destructor y el renovador. Las hogueras de San Juan, en junio, extendidas por toda la cuenca mediterránea, eran especial y ritualmente organizadas también por los templarios y a ellas acudían regularmente, sobre todo en París, los artesanos y artífices de la construcción o masones libres (francmasones) que trabajaban en los censos de la encomienda templaria. Tras la destrucción de la Orden, en el siglo XIV, los masones operativos siguieron celebrando las fiestas de San Juan. [...]

[...] Las logias simbólicas de todo el mundo celebran dos reuniones o tenidas solemnes, señalando la posición solar de los solsticios renovadores de verano e invierno y lo hacen coincidiendo con las festividades cristianas conmemorativas de San Juan Bautista (el 24 de junio) y de San Juan Evangelista (el 27 de diciembre) en cada caso. Por otra parte, las fiestas solsticiales han sido celebradas oir todas las culturas, desde la más remota antigüedad. [...]

Extractos del libro La Masonería de Amando Hurtado.

Así que, aprovechando esta casualidad - por llamarlo de alguna manera -, me he decidido a incluirlos en un solo post.

Nos vamos arriba del todo del Passeig de Sant Joan, a la altura de Travessera de Gràcia, justo donde está la escultura en memoria a Fray Ponce de León, inventor del método oral puro en la enseñanza del sordo. Si andamos un poco en dirección descendente, enseguida nos encontraremos ante un enorme monumento dedicado a Anselm Clavé (1824-1874) que, inicialmente, estaba ubicado en el cruce de Rambla de Catalunya y carrer València, pero en 1956 fue trasladado a su emplazamiento actual.



Clavé fue todo un personaje de la vida sociocultural catalana. Fue un activista y defensor a ultranza de los derechos de los trabajadores: cosa que le valió, en varias ocasiones, de ir a la cárcel. Pero sobre todo, siempre será recordado como compositor, director musical y por fomentar el canto coral como método armónico de trabajo en equipo. Ahí ha quedado como legado la Federación de Coros Anselm Clavé.

Este estilo de vida en favor de los derechos humanos es ya orientativo de su pertenencia al movimiento masón. Y esto queda reflejado en el pedestal que soporta su estatua, pues se ven claramente estrellas de cinco puntas reposando cada una sobre una columna. Además, las estrellas están unidas por ramas de acacias.

Ya vimos el significado simbólico de las estrellas en otro post. Las columnas, por su parte, hacen de enlace entre lo terrenal y lo divino: lo que es arriba es abajo según el principio hermético. Además representan a las dos columnas de la fachada el antiguo templo de Salomón en Jerusalén: Boaz (izquierda) y Jákim (derecha). Es muy curioso ver en la arquitectura civil del ensanche de Barcelona como muchas entradas de edificios están flanqueadas por dos columnas con un frontón triangular en la parte superior ¿Influencia masónica?

Por último, las ramas de acacia simbolizan la muerte y resurrección, el conocimiento de los secretos de los maestros masones; según la leyenda, se pusieron encima del lugar donde estaba la tumba del arquitecto del templo de Salomón, Hiram Abif, cosa que sirvió para descubrir que él estaba enterrado allí.

El segundo lugar donde nos hemos de dirigir está bastante más abajo, pero si realizamos este paseo no nos vamos a arrepentir. El trayecto es muy agradable a la vista y nos encontraremos con héroes mitológicos como Hércules en su cuarta misión con el león de Nemea desollado (es la fuente ornamental más antigua de Barcelona, 1796), con caperucita roja y el lobo o al ilustre Mossèn Cinto Verdaguer, entre otros. Quizá no sea tan espectacular como el passeig de Gràcia (paseo de Gracia) pero es un estímulo visual constante en el que veremos entremezclados edificios modernistas, neoclásicos y actuales, con relieves, esgrafiados u ornamentaciones en sus fachadas.

En fin, damos un salto y nos dirigimos a la calle Ausiàs March, 60-62 para encontrarnos ante un edificio de claro estilo neoclásico que parece que fue sede de una logia masónica - no he podido indagar mucho más -. Como detalle a tener en cuenta es que a lo largo de la cornisa hay unos ornamentos decorativos (que contienen ramas de acacia) que si los contabilizamos dan como número... ¡33!, o lo que es lo mismo, el número de grados masónicos. Decir que ahora cumple la función de colegio.

Nos reincorporamos al passeig de Sant Joan por la misma acera y en sentido descendente llegaremos ante uno de los lugares más emblemáticos de la masonería de Barcelona. Se trata de la Biblioteca Pública Arús.

Esta fue primera biblioteca pública que existió en Barcelona (1895) y fue donada a la ciudad por el intelectual y filóntropo Rossend Arús i Arderiu. Dispone de 75.000 volúmenes catalogados para consultar sobre temática social y obrera, historia general, música, medicina, arte militar de los siglos XVII, XVIII, XIX y mediados del XX y masonería... (¿Hace falta decir que fue masón?).

Se pueden consultar los libros digitalizados de su catálogo, aquí.



Pero la biblioteca esconde otra sorpresa. A finales del s. XIX se esculpieron tres únicas estátuas de la Libertad: la primera se encuentra en Nueva York (1886) donada por los franceses; la segunda en París (1889); y una tercera en... - sí, lo has adivinado - Barcelona (1894). Mide 2 metros de altura y esta situada al final de la escalinata de entrada a la biblioteca. Su autor, un tal LL. Razzuoli.

Otra curiosidad: en el día de su inauguración cantaron un coros. ¿Alguien se imagina quién los dirigía? La respuesta, más arriba de este post.

Llegados hasta aquí sólo queda seguir bajando passeig Sant Joan, y dos portales después (nº 22) podemos observar como el suelo de la entrada es ajedrezado: otro símbolo masónico que representa el bien y el mal confrontados entre sí.

El final del trayecto nos lleva al Arco del Triunfo alzándose ante nuestros ojos (¡más masonería!). Edificado por Josep Vilaseca (el mismo que el del taller Masriera). Pero esta es otra historia.

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